Operación Bernhard: el dinero como instrumento bélico

diciembre 05, 2016 - by Leticia Perinat - in Falsificación billetes y monedas

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Por Rosa Sopeña,

Abogada. Alumna de la segunda promoción del Master en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA- Behavior & Law.

 

La manida pero certera frase referida a que la realidad supera a la ficción no es una licencia pragmática y exagerada sobre la deriva imaginativa e impredecible que despliega la vida, sino la constatación cierta de hechos y acontecimientos, tanto ordinarios como  históricos, que nos sorprenden por el insospechado derroche de creatividad de protagonistas que, con sus actos, rebasan la más exacerbada fantasía atribuida siempre a relatos épicos o literarios.

 

En esta categoría se incluye la Operación Bernhard, la mayor y más perfecta operación hasta ahora conocida de falsificación de libras esterlinas.  En esta ocasión la guerra, la victoria sobre el enemigo,  no se dirimía en los campos de batalla ensangrentados o minados,  sino en una retaguardia donde la meticulosidad, perfección y trabajo dieron lugar a la conjunción intangible y material con la que 140 expertos judíos en artes gráficas, incluso especialistas en falsificaciones, fueron reclutados por sus carceleros para poner en jaque al enemigo e incluso garantizar el éxito  de la contienda.

 

La operación, como toda gran obra polifónica, se alumbró en la cabeza de Reinhard Heydrich pero fue llevada a la práctica por Bernhard Krüger, bajo el visto bueno del preboste Heinrich Himmler. La concatenación de circunstancias favorables para su puesta en acción, tales como la situación de vital dependencia de los judíos y la seguridad de su silencio, junto a la maestría de su preparación técnica y a la utilización de los medios más idóneos para el fin propuesto, lograron los objetivos previstos. Los ingentes costos de la guerra, los múltiples frentes abiertos, no solo castrenses, como el pago del espionaje y la intendencia de agentes y unidades de las SS de países ocupados,  requerían  del auxilio de una fuente de ingresos extraordinarios. Pero el objetivo principal pretendía, sobre todo, arrastrar al gobierno inglés a la ruina al provocar una inflación galopante que le colocara en una situación de quiebra material.

 

Los elegidos para la operación, individualmente denominados como “trabajador altamente esencial” fueron agrupados próximos a Berlín en el campo de concentración Sachsenhausen, donde aislados en el barracón nº 19, bajo todo tipo de medidas de seguridad, procedieron a la puesta en práctica del proyecto. Uno de los primeros inconvenientes, de los muchos  que tuvieron que superar,  y  no el de menor dificultad,  fue conseguir una papel  adecuado al de la reproducción que se  perseguía, lo que se logró a cargo de una solvente fabricación alemana.

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Tras una insistente y minuciosa metodología para alcanzar el grado de excelencia deseado, la osadía alemana llegó a presentarse ante el Banco Central de Inglaterra para validar la calidad de la muestra, mediante una representación interpuesta. El éxito fue rotundo, lo que alentó su inclusión en el flujo económico de las economías de su entorno a través de sus embajadas.

 

Estimulado por la superación de la prueba, Krüger abordó otro proyecto de Himmler: la falsificación del dólar, para la que se requirió la colaboración de un convicto falsificador encarcelado en una prisión alemana, Salomon Smolianoff (Solly), quien llegó, a imitar la moneda estadounidense con alto grado de fiabilidad y solvencia. Sin embargo, la inesperada evolución de los acontecimientos militares impidió que se llevara a cabo.

 

La falsificación de libras esterlinas fue masiva, con una cifra inicial de 400.000 mensuales, que aumentó a medida que la progresión de los gastos de la campaña alemana aumentaba y el plazo inicialmente fijado en tres años se agotaba para dar por finalizada  la cruzada económica contra el Reino Unido.

 

La sistematización para el uso y aprovechamiento de la falsificación se distribuyó en tres niveles de calidad, según el grado de perfección de los billetes: el primero, destinado a la compra y pago de suministros realizados en los países neutrales, con el próposito, de detectarse el fraude, de minar la fortaleza y credibilidad  de la moneda inglesa, e igualmente destinado al pago de sus agentes infiltrados en operaciones de inteligencia y seguridad. El segundo nivel se dirigió a cubrir los desembolsos de las fuerzas de la Gestapo en los  países ocupados,  incluidos los pagos a los colaboradores e infiltrados afines con sus expectativas expansionistas. El tercer nivel, el de peor calidad, se reservó,  por decisión de Himmler, para lanzarlo aéreamente por la aviación alemana sobre las islas británicas, con el fin de crear desconcierto entre la población y producir un serio quebranto a los bancos ingleses, obligados a discernir entre los billetes auténticos y falsos. Lo que no sucedió, finalmente,  debido al negativo cariz que tomó la contienda para los intereses alemanes.

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Para los artífices de esta falsificación masiva no estaba previsto un mejor  destino vital que para al resto de judíos confinados en los campos de concentración nazi, pero los intereses personales de Bernhard Krüger y la rápida evolución negativa de la guerra por el ataque de la aviación enemiga sobre el campo de concentración Sachsenhausen, les obligó a desplazarse a una galería de fabricación de misiles situada en el centro de Austria, donde finalmente tampoco pudieron reiniciar su actividad al ser cercados por el avance aliado, por lo que Krüger  decidió deshacerse de todos los elementos que dieran testimonio de su irregular trabajo, lanzando al lago Toplitz las planchas y herramientas utilizadas para la impresión, en tanto las bobinas de papel, las pruebas y archivos se quemaron.

 

El final feliz de esta operación, independientemente de las frustraciones generadas por esta creativa, inmoral y perversa maniobra contra un estado y su población civil, fue la salvación de los 140 técnicos que, por el  imperativo de la fuerza y el instinto de supervivencia, protagonizaron la mayor y más exitosa operación de falsificación de moneda  de la historia conocida.

 

Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia (online), UDIMA – Fundación Behavior & Law

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FUENTES

http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?f=260&t=11765

http://segundaguerramundial.es/operacion-bernhard/

https://es.wikipedia.org/wiki/Solución_final

https://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Himmler

http://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Revista-Moneda/moneda-153/moneda-153-11.pdf

http://www.libertaddigital.com/opinion/agosto/la-gran-falsificacion-1276238101.html

http://www.eliberico.com/operacion-bernhard-los-falsificadores-de-hitler.html

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Leticia Perinat

Leticia Perinat

Directora Técnica del Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA-Behavior & Law

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