Stacey Castor, la viuda negra

junio 22, 2017 - by Leticia Perinat - in Asesinato, Falsificación firmas, Notas suicidio

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Por Leticia Perinat,

Directora Técnica del Master en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA- Behavior & Law.

 

La viuda negra es un arácnido de color negro brillante con una mancha roja en el abdomen, coloración que en la naturaleza se interpreta como una señal de advertencia. El nombre se debe a que la hembra mata y devora al macho tras la cópula, con la finalidad de asegurarse alimento y una buena puesta.

 

Algunas mujeres reciben este apelativo por la analogía de su comportamiento con el de estas arañas letales. A continuación contamos la historia de una de ellas, cuya dureza inmisericorde convulsionó no solo a los afectados más directos, sino a la sociedad norteamericana entera. El procedimiento judicial al que dio lugar se encuentra entre los emblemáticos de la historia criminal de New York.

 

En 2005 la policía de Syracuse, alertada por Stacey Castor, descubrió al marido de ésta muerto sobre su cama. Tuvieron que forzar la puerta del dormitorio. Junto al cuerpo de David Castor, de 48 años, se hallaba un envase de líquido anticongelante y un vaso con restos de la sustancia.

 

Stacey explicó que su marido, con el que llevaba dos años casada, sufría depresión. A primera vista, la escena aparentaba un suicido por ingestión tóxica. Pero la suma de diversos indicios provocaría más tarde un giro en la investigación.

 

Stacey enterró a David Castor junto a la tumba de su primer esposo y padre de sus dos hijas, Michael Wallace, que había muerto cinco años antes, cuando contaba con 38, al parecer de un ataque al corazón. Según comentarios de sus allegados, la salud de Michael se fue minando ostentosamente y sin explicación, hasta el punto de que su familia quiso hacerle una autopsia, pero la viuda se negó.

 

Las dos lápidas adyacentes, guardando los restos de ambos maridos, fallecidos en circunstancias poco claras, despertaron las sospechas de los detectives.

 

Más tarde, se comprobó que el vaso del que supuestamente bebió David Castor antes de morir, contenía las huellas de su mujer. También se descubrió ADN del fallecido en el extremo de un inyector o rociador de salsa, encontrado en la basura durante la inspección policial. ¿Se sirvió Stacey de este instrumento de cocina para introducir en la boca de su marido el veneno?

 

Tras dos años de investigación, y guiado por un sexto sentido, el inspector Dominick Spinelli, tomó en 2007 una decisión poco común: exhumar el cuerpo de Michael Wallace, el primer marido. Las pruebas forenses confirmaron la presencia en el cadáver de restos de etilenglicol, sustancia química presente en los anticongelantes. Los recelos de la policía se confirmaban.

Al poco tiempo, Ashley Wallace, la hija mayor de Stacey, yacía inconsciente sobre su cama. Fue su hermana Bree la que dio la voz de alarma al entrar en su habitación y encontrarla en ese estado. La propia madre llamó a urgencias. Fuentes del hospital explicaron que había ingerido un coctel de fármacos mortal. Gracias a la rápida intervención médica se había salvado. La policía encontró, a su vez, una nota de despedida sobre la mesilla. Estaba escrita a ordenador, y en ella se autoinculpaba de la muerte de su padre y de la de su padrastro.

 

Cuando la joven Ashley se recuperó, negó haber atentado contra su vida y haber escrito nada. Lo último que recordaba era que su madre le había ofrecido una copa de vodka con naranja y sprite.

 

Los medios de comunicación ardían ante la incertidumbre nacida de la confrontación entre madre e hija. ¿Quién era la asesina? Tal era la tensión, que la propia abuela de Ashley se posicionó a favor de su hija y en contra de su nieta. Probablemente le horrorizaba vislumbrar criminalidad en uno de los retoños de su familia, pero aún le resultaba más monstruoso que Stacey fuera capaz de inmolar a su propia hija.

 

Sin embargo, la policía no dudaba. Tenía la respuesta. Encontrándose Stacey acorralada ante las pruebas de envenenamiento que apuntaban hacia ella, planeó cargar ambas muertes a su hija Ashley, simulando su suicidio. Ella había preparado la bebida trampa y había redactado la nota de despedida. Y así se demostró en el juicio.

 

El experto en informática declaró haber hallado en el ordenador de Stacey el escrito en cuestión. No podía determinar quién lo había tecleado, porque no existía contraseña de entrada y por tanto cualquiera podía haber accedido al procesador, pero había sido realizado en una fecha y horario en que Ashley estaba en el instituto.

 

Además, desde un análisis lingüístico forense, el contenido del texto no era propio de una nota de suicidio. Exageradamente largo, incluía explicaciones gratuitas sobre detalles de los crímenes y repetidas exculpaciones de la hija hacia la madre respecto a los asesinatos. Delataba también un vocabulario y gramática similar al de Stacey. Incluso se repetía un error que ella cometía, y que los detectives habían detectado en sus entrevistas con la sospechosa: empleaba la palabra “antifree” en lugar de “antifreeze” (anticongelante).

También salió a la luz la falsedad de un testamento atribuido a David Castor. Stacey lo había elaborado para excluir de la herencia a un hijo de aquel, fruto de un matrimonio anterior. El perito calígrafo determinó la falsificación de la firma estampada en dicho testamento, argumentando ante el Tribunal las conclusiones de su dictamen.

El motivo que condujo a Stacey a terminar con la vida de sus dos maridos era puramente económico: cobrar seguros y heredar patrimonio. Y cuando se vio cercada por la policía, sacrificó a su propia hija para desviar las sospechas. Con absoluta frialdad y sirviéndose de la mentira, sembró a su alrededor dolor y muerte, sin mostrar arrepentimiento, negando sus atrocidades, y despreciando el valor más sagrado, la vida de sus más cercanos, incluida la de su propia hija.

 

En 2009 fue sentenciada a 51 años de prisión por los cargos de asesinato en segundo grado de su marido David Castor, tentativa de asesinato de su hija Ashley Wallace y falsedad documental.

 

Ashley declaró al final del juicio: “Odio a mi madre por arruinar tantas vidas. Y sin embargo todavía la quiero. ¿Cómo se puede odiar y amar a alguien al mismo tiempo? No quiero llorar más. Me gustaría olvidarme de todo. Y sin embargo tendré que cargar con ello el resto de mi vida”.

 

Stacey se ganó el sobrenombre de viuda negra, si bien superó al arácnido en impiedad al no respetar siquiera la seguridad de su prole. El fiscal del condado llegó a señalar que si la maldad tuviera un techo, la señora Castor lo había tocado.

 

Desde entonces, Stacey cumplía condena en la prisión de Bedford Hills, cárcel de mujeres de máxima seguridad, en el condado de Westchester, New York. Hace un año, una mañana de junio de 2016, fue hallada muerta en su celda. El médico forense determinó como causa del fallecimiento un ataque al corazón. Quedó descartado el suicidio y cualquier otra causa de muerte violenta. Aún no había cumplido cincuenta años.

 

Se desconoce si sus hijas le lloraron, pero para algunos, el mundo, ahora, parece más limpio.

 

Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia (online), UDIMA – Fundación Behavior & Law

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FUENTES

http://murderpedia.org/female.C/c/castor-stacey.htm

http://abcnews.go.com/2020/story?id=7380832&page=1

http://abcnews.go.com/2020/story?id=7394363&page=1

http://abcnews.go.com/2020/story?id=7389055&page=1

http://www.syracuse.com/news/index.ssf/2009/01/stacey_castor_murder_trial_res.html

https://www.youtube.com/watch?v=1GMJzRGf3Rc

https://www.youtube.com/watch?v=QAe_jtmBnEE

https://www.youtube.com/watch?v=59iUUfXUio4

https://www.youtube.com/watch?v=7MCMTYE5kq0

http://cnycentral.com/news/local/das-office-says-stacey-castor-died-of-a-heart-attack

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Directora Técnica del Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA-Behavior & Law

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