Los diarios falsos de Hitler

diciembre 13, 2017 - by Leticia Perinat - in Estafa, Falsificación documentos, Falsificación firmas, Falsificadores célebres

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Por Eva García Minas,

Diplomada en Trabajo Social y Titulo propio en Criminología. Técnico Superior en interpretación de Lengua de Signos. Española y guía-interprete de personas sordociegas Alumna de la primera promoción del Master en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA- Behavior & Law.

 

Noticia bomba

 

El 25 de Abril de 1983, el semanario alemán Stern anunciaba en su portada estar en posesión de los diarios personales de Adolf Hitler. Los manuscritos, que se publicarían en sucesivas entregas, prometían ser uno de los documentos más importantes del siglo XX por su impacto histórico-periodístico. “La biografía de Hitler tendrá que ser escrita de nuevo y con ella la historia de la Alemania nazi”, aseguraba la revista en el comentario editorial de ese número.

 

Se trataba de sesenta y dos volúmenes manuscritos por Adolf Hitler durante todo el periodo del Tercer Reich, que permitirían conocer el inquietante y oscuro mundo interior del Führer y descubrir una de las mentes más enigmáticas de los últimos tiempos, cuyas acciones horrorizaron a la humanidad.

 

¿Cómo se adquirieron los diarios?

 

Gerd Heidemann era un afamado reportero de la revista Stern, conocido por su olfato periodístico, y también un fanático coleccionista de reliquias del Tercer Reich. Este sabueso de la noticia, en una visita a la casa de otro coleccionista, descubrió entre sus pertenencias un libro que le llamó la atención y que según su propietario era uno de los diarios de Hitler, obtenido a través del proveedor Konrad Kujau, que al parecer poseía más volúmenes.

 

Requerido por Heidemann, Kujau explicó que los tomos habían sido rescatados en Sajonia, en abril de 1945, de entre los restos de un avión accidentado que transportaba efectos personales de Hitler. Según sus palabras, contaba con varios contactos que le procuraban los diarios desde Alemania del Este. Una vez que el periodista confirmó la historia, tras trasladarse él mismo al lugar en que la avioneta se había estrellado, se comunicó con su revista para la adquisición de los documentos.

 

Stern autorizó la compra del lote, no sin antes consultar con algunos expertos sobre la autenticidad de los diarios, que así lo confirmaron. Satisfecha con los resultados y deseosa de los éxitos que anticipaba, la revista prescindió de otras fuentes de verificación.

 

Los diarios no se recibieron de una vez. Kujau los proporcionaba en diferentes entregas. Heidemann era el mediador, encargado de recibir y abonar los libros. No se estableció ningún tipo de contrato y los pagos eran en efectivo. Al principio Kujau aseguró tener localizados veinticuatro volúmenes, que finalmente terminaron siendo sesenta y dos. Por otra parte, con cada nuevo libro iba aumentando el precio, bajo la premisa de las elevadas ganancias previstas con la reventa de la historia a otros medios de comunicación. Stern desembolsó en total más de nueve millones de marcos, equivalentes a unos cuatro millones de dólares y se preparó para hacer caja. En efecto, el titular corrió como una mecha encendida. Newsweek, Paris Match, The Sunday Times y otros periódicos importantes formularon ofertas para obtener los derechos de reproducción de los diarios.

 

Alarma de falsificación

 

La noticia tal como se esperaba sorprendió y despertó el interés del mundo entero, al tiempo que levantó prontas sospechas. Diversas voces críticas se alzaron asegurando que aquellos diarios no podían ser auténticos.

 

Para empezar, ningún experto ni allegado íntimo del dictador conocía su supuesta costumbre por escribir, circunstancia que no encajaba con la existencia de un diario de tal extensión y envergadura.

 

Por otra parte, una lectura cuidadosa de los textos revelaba inexactitudes en los datos históricos. Y sobre todo extrañaban muchos de sus contenidos En los supuestos diarios, el Führer condenaba algunas actuaciones criminales y parecía no estar al tanto de los excesos de sus más cercanos colaboradores, dando una imagen benévola que poco tenía que ver con la auténtica crueldad emanada de sus hechos. Se llegó a pensar que los diarios habían sido promovidos por seguidores de Hitler, para dignificar su figura.

 

La confusión y el malestar crecía entre la población, y el gobierno alemán puso un punto de cordura en semejante desbarajuste. Un peritaje documentoscópico realizado por expertos de la policía criminalística confirmó que el papel, la tinta y la goma de los diarios se empezaron a emplear en fechas posteriores a la segunda guerra mundial. Los libros contenían blanqueadores y compuestos químicos que aún no existían, y por tanto no podían utilizarse, en el periodo anterior a 1945. Igualmente la tinta era moderna. El dictamen de los organismos oficiales puso punto final a la insólita polémica. Según el presidente del Archivo Federal se trataba de una falsificación grotesca.

 

Gran parte del contenido plasmado por Kujau había sido plagiado de un libro sobre discursos de Hitler escrito por Max Domarus, que el falsificador completaba con hechos inventados que daban testimonio de su fértil imaginación.

 

También las iniciales F.H. que aparecían en la portada de piel de los diarios, junto al águila imperial y la esvástica, fueron objeto de atención y cábalas. ¿Por qué una “F” en lugar de la “A” de Adolf Hitler? Finalmente, la explicación resultó cuando menos cómica. Kujau simplemente había confundido el formato de la “F” con la de la“A”, debido a la adornada caligrafía.

 

Pero, si los errores en la falsificación eran tan evidentes ¿Cómo se había llegado tan lejos? Ciertamente fue un caso en el que confluyeron la codicia, los peritajes superficiales, el desencuentro entre los profesionales y los frecuentes cambios de opinión de los expertos.

 

Al parecer, los primeros peritos calígrafos consultados, el suizo Max Frei-Sulzer y el norteamericano Ordway Hilton confirmaron precipitadamente la autenticidad de los documentos. En su defensa se llegó a aclarar que habían trabajado sobre fotocopias de los diarios y que para realizar los cotejos, en vez de letra auténtica de Hitler se les había suministrado falsificaciones del propio Kujau. Afortunadamente, otros expertos en grafística, como el norteamericano Charles Hamilton, pronto desestimaron la autoría del Führer.

 

Entre los historiadores, también resaltaron las discrepancias. Fueron protagonistas dos británicos. David Irving, simpatizante de la ideología nazi, fue curiosamente el primero en rechazar la autenticidad de los diarios y el último en considerarlos genuinos. Sus cambios de opinión obedecían a intereses particulares. El peor parado resultó ser uno de los más acreditados especialistas en la segunda guerra mundial y en la figura de Hitler, Hugh Trevor-Roper, cuya reputación quedó cuestionada por haber autenticado los diarios, si bien no lo hizo con absoluta firmeza y posteriormente expresó sus dudas. No obstante, tanto Stern como The Sunday Times, ansiosos por la publicación, no deseaban escuchar nada que contrariase la primicia. Hay quien piensa que quizá el mayor error de Trevor-Roper fuera firmar un contrato de confidencialidad que le impidió consultar el importante caso con otros colegas.

 

En medio de este ambiente turbio y revuelto, Kujau huyó.

 

¿Quién era Konrad Kujau?

 

Los antecedentes policiales del alemán Kujau, alias Fischer, y conocido como el General en los bajos fondos, eran largos. Huido de Alemania del Este en 1957, empezó como un delincuente de poca monta, entrando y saliendo de prisión por robos y algún que otro fraude hasta que decidió especializarse en la falsificación. Descubrió que los pormenores de la segunda guerra mundial, y en particular la figura del peligroso Hitler, fascinaban a historiadores y coleccionistas, y aprovechándose de ello empezó a falsificar y vender objetos, manuscritos y pinturas que atribuía al Führer. No se sabe la extensión de sus lucrativas falsificaciones, pero baste señalar que en el libro Adolf Hitler, el Artista Desconocido (1983), de Billy Price, una cuarta parte de las obras fotografiadas eran en realidad falsificaciones de Kujau.

 

El encuentro con Heidemann le procuró una gran oportunidad para su negocio, así que iba falsificando los diarios sobre la marcha, a tiempos forzados, de ahí que los entregará en sucesivas veces y que la calidad de los mismos fuera ínfima.

 

El desenlace

 

Tras varias semanas desaparecido, Kujau optó por entregarse. Estaba furioso con Heidemann. Solo había recibido dos millones de marcos y si, como había leído en la prensa, Stern había pagado más de nueve, faltaban siete millones que seguramente se había embolsado el mediador. Konrad Kujau se confesó autor de la falsificación y acusó al periodista de conocer el engaño. A su vez, la propia revista se querelló contra Heidemann por presunta estafa.

 

Se dice que Kujau haciendo gala de ironía y buen humor escribió su confesión con el mismo tipo de letra que los diarios falsificados y firmó “con el testimonio de mi consideración más distinguida. Adolf Hitler, alias Konrad Kujau”.

 

Heidemann negó reiteradamente haberse apropiado de los pagos de Stern, cuyo destino nunca se supo, pero resultaba evidente que tanto él como Kujau mejoraron sustancialmente su estilo de vida. Ambos adquirieron nuevas viviendas y el reportero pudo afrontar los gastos de restauración del yate del mariscal Goering, uno de sus objetos de colección, con el que hasta entonces estaba endeudado.

 

Por su parte, Stern suspendió la publicación de los diarios, pero no logró evitar un gran perjuicio en su prestigio y credibilidad, que se tradujo en un desplome de sus ventas y múltiples burlas y acusaciones por su irresponsable proceder. Hubiera podido detectar fácilmente el engaño de haber sometido los diarios a las necesarias pruebas científicas. Actuó con tal ingenuidad y negligencia que se le consideró prácticamente un cómplice en el fraude. Fueron muchos los indicios ignorados por su ambición de poder y fortuna.

 

Kujau y Heidemann fueron condenados en 1985 por fraude, a algo más de cuatro años de prisión. Tras su puesta en libertad, Kujau se dedicó a vender “auténticas falsificaciones”, que incluían sus reproducciones, no solo de Hitler, sino también de Monet, Rembrandt y van Gogh, entre otros. Firmaba cada cuadro con los dos autógrafos, el del artista original y el suyo propio. Su obra se hizo tan popular que comenzaron a falsificarse sus falsificaciones. Murió de cáncer en el año 2000. Heidemann sigue al día de hoy defendiendo su inocencia.

 

En 2013 los diarios, que hasta entonces se encontraban en manos de Stern, se pusieron a disposición del Archivo Federal de Alemania, pues al fin y al cabo forman parte de la historia del país.

 

Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia (online), UDIMA – Fundación Behavior & Law

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FUENTES

https://www.youtube.com/watch?v=r7FhXWVRYOY

https://hipertextual.com/2016/03/diarios-de-hitler

http://www.semana.com/enfoque/articulo/los-diarios-secretos-de-hitler/2525-3

http://www.dw.com/es/el-diario-falso-de-hitler-25-a%C3%B1os-despu%C3%A9s/a-3293509

http://elpais.com/diario/1983/05/28/internacional/422920805_850215.html

http://es-la-guerra.blogspot.com.es/2012/02/los-diarios-falsos-de-hitler.html

http://ligavirtualww2.blogspot.com.es/2010/12/el-mayor-fraude-periodistico-del-siglo.html

http://hoaxes.org/archive/permalink/the_hitler_diaries

https://www.huffingtonpost.com/philip-hensher/hitlers-handwriting_b_2247367.html

http://www.encyclopedia.com/science/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/frei-sulzer-max

https://en.wikipedia.org/wiki/David_Irving

http://www.nytimes.com/1991/07/07/books/the-forger-and-the-fuhrer.html?pagewanted=all

https://en.wikipedia.org/wiki/Hitler_Diaries

http://www.telegraph.co.uk/news/features/3636377/Hitler-diaries-scandal-Wed-printed-the-scoop-of-the-century-then-it-turned-to-dust.html

 http://www.nytimes.com/2013/04/24/world/europe/forged-hitler-diaries-now-part-of-germanys-archives.html

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Leticia Perinat

Leticia Perinat

Directora Técnica del Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA-Behavior & Law

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